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Construye tu historia

Mario Miranda

“Siendo emprendedor he tenido las mayores lecciones de responsabilidad de toda mi vida”

Después de siete años trabajando para una consultora multinacional y dos años como gerente de Informática en una empresa familiar, Mario Miranda decidió dar el salto y armar desde cero una empresa de fullcommerce. Para echarla a andar tuvo que vender un departamento en Argentina, su país natal, pedir incontables créditos y hacer muchos sacrificios. Dice que cada esfuerzo ha valido la pena. En esta entrevista repasa su historia.

“Empezamos a entender realmente lo que significaba el e-commerce. Y aprendí tanto, que decidí que era el momento de dar el siguiente paso, por mi propia cuenta”.

Cuando Mario Miranda terminó la carrera de Ingeniería en Sistemas, emprender nunca estuvo en sus planes. Quería jugar en las grandes ligas, trabajar en empresas consolidadas y moverse en el mundo corporativo de los bancos o las grandes multinacionales. Su primera experiencia laboral fue exactamente como la soñó: se le presentó una oportunidad en Accenture, que lo llevó a un proyecto en Brasil. Después lo trasladaron de vuelta a Argentina, su país de origen, y de ahí le ofrecieron un puesto en Chile.

“Dije que sí pero no fue por nada especial, solamente porque cuando me siento cómodo en algún lugar o alcanzo la zona de confort, me gusta moverme y cambiar”, cuenta.

No lo sabía, pero en Chile estaba su gran oportunidad.

Después de siete años trabajando en esa consultora, Miranda decidió cambiar de trabajo. Lo contrató una empresa chilena que importaba y distribuía repuestos de autos. “Llegué como gerente de Informática para armarles un proyecto de e-commerce. Esto fue hace diez años, cuando era muy normal que todo lo relacionado a esta área lo delegaran al departamento de informática”, relata quien hoy es CEO y cofundador de Ecomsur, una empresa de fullcommerce con operaciones en Chile, México, Colombia, Perú, Argentina y Brasil.

“En ese momento todos creían que el e-commerce se reducía simplemente a un software, un carro de compras que puede hacer alguien de informática. Pero hoy sabemos que es mucho más que eso”, dice. Ese proyecto fue exitoso. Miranda terminó haciéndose cargo del área de logística, tras conformar un equipo multidisciplinario para comenzar a vender en línea.

“En esa empresa, tras un año y medio más o menos, el 60% de la venta total era del e-commerce. Pero para eso tuvimos que refundar no solamente el área de informática, sino las áreas de logística, comercial, marketing, hacer catálogos de productos. Ahí empezamos a entender realmente lo que significaba el e-commerce. Y aprendí tanto, que decidí que era el momento de dar el siguiente paso, por mi propia cuenta”, relata.

“Los primeros años fueron muy duros porque había que pagar cuentas, sueldos, y la empresa no estaba ni cerca de empezar a ser rentable”.

“Al principio me cuestionaba todo, veía a mis excompañeros con sus carreras corporativas tan sólidas, con sus buenos sueldos y sus bonos, y por otro lado estaba yo pensando cómo iba a pagar la nómina de empleados. Entonces te cuestionas todo”.

-En 2020 cumples diez años de haber cofundado Ecomsur. ¿Cómo fueron los inicios?
-Fue muy complejo, porque apuntamos a un servicio muy integral, con muchas áreas y muchas personas. Los primeros años fueron muy duros porque había que pagar cuentas, sueldos, y la empresa no estaba ni cerca de empezar a ser rentable. Tuve que echar mano a un adelanto de herencia, un departamento que me había dejado mi papá en Buenos Aires que decidí vender para invertir toda esa plata en la empresa. Eso no alcanzó por mucho tiempo, así que intentamos pedir créditos a los bancos, pero era difícil porque no calificábamos, no era una empresa bancarizable en ese momento. Con mi socio de entonces decidimos salir a buscar inversionistas u otros socios, y llegamos a una empresa que se llama IGneous, que depende del family office de Christoph Schiess. Con ellos logramos cerrar un trato, y creo que fue una decisión muy acertada en todo sentido: nos ayudaron a ordenarnos, nos dieron el marco legal, el marco administrativo, el marco contable, contactos. Pasaron siete años hasta que pudimos lograr el punto de equilibrio. Pero yo miro atrás y me acuerdo de cosas que hoy son anécdotas, pero en ese momento eran terribles, como la vez que estuvimos en un asado con todo el equipo, todos muy contentos, celebrando no recuerdo qué, y con mi socio pensábamos: ‘Esta gente no tiene ni idea de que nosotros no sabemos cómo les vamos a pagar el sueldo dentro de tres días, no tenemos ni un peso’. Afortunadamente siempre pudimos cumplir, pero haciendo esfuerzos absurdos, endeudados por todos lados.

-¿Qué lecciones te dejaron esos días?
-Que es necesario encontrar buenos socios, armar un equipo sólido, que las vías de financiamiento nunca van a ser suficientes durante los primeros años, que es necesario tener tu proyecto muy claro, y que la capacidad de adaptación lo es todo. Por ejemplo, al principio tuve que despachar pedidos con mi auto, tuve que atender el teléfono del cliente final, tuve que programar, hice de todo. Entendí que tenía que combinar el rol del ejecutivo, del repartidor, con el de socio fundador. Siendo emprendedor he tenido las mayores lecciones de responsabilidad de toda mi vida.

-¿Dirías que armar tu propia empresa es una de las decisiones más riesgosas que has tomado en tu vida?
-Sí, fue muy arriesgado. Repasando todos estos años por suerte tengo una linda historia que contar, porque fue difícil, pero no me quedé en la lona, algo que es muy común en el mundo del emprendimiento, sobre todo con los primeros proyectos. Al principio me cuestionaba todo, veía a mis excompañeros con sus carreras corporativas tan sólidas, con sus buenos sueldos y sus bonos, y por otro lado estaba yo pensando cómo iba a pagar la nómina de empleados. Entonces te cuestionas todo. Además, tenía una familia a cargo, dos hijas. Así que, viéndolo en retrospectiva, por supuesto que estuvo bastante arriesgado, pero cada minuto ha valido la pena.

“Es necesario encontrar buenos socios, armar un equipo sólido, que las vías de financiamiento nunca van a ser suficientes durante los primeros años, que es necesario tener tu proyecto muy claro, y que la capacidad de adaptación lo es todo”.

-Pero emprender no estuvo nunca en tu horizonte profesional, al menos no desde que iniciaste tu carrera.
-No era parte del plan, pero cada tanto se me cruzaban por la cabeza muchas historias que conocía, de gente que dedicó muchos años a una empresa y que después quedó sin trabajo. A mi papá le pasó. Digamos que no era parte de mi plan, pero tampoco lo descarté, porque para mí era lógico algún día estar en el escenario ideal de tener mi propia empresa. Era como un sueño, pero lo veía extremadamente lejano, en parte porque en Accenture estaba muy acostumbrado a trabajar con clientes grandes, y si bien el trabajo en el día a día es muy parecido y uno puede hacer un sistema para el kiosco de la esquina o para Unilever, la verdad es que a mí lo que me gustaba al final del día era el trabajo con el cliente grande, darle servicio a ese tipo de empresas. Pensé que jamás me podría pasar algo así si me iba a trabajar por mi cuenta.

-¿Y pasó?
-Pasó. Justamente mi primer primer proyecto en Accenture fue para Unilever. En este camino del emprendimiento entendí que, si trabajas duro, puedes cumplir todo lo que te propongas. Después de los años tan duros que pasamos, después de que logramos estabilizar la empresa y abrir en otros países, llegó eso que tanto esperé: el año pasado Ecomsur firmó un trato para comenzar un proyecto de e-commerce con Unilever. Se me cayó una lagrimita cuando firmé el contrato, porque esa era una de las cosas que pensé que jamás iba a lograr como emprendedor.

“En este camino del emprendimiento entendí que, si trabajas duro, puedes cumplir todo lo que te propongas”.