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Bob Borowicz:

“Durante mi carrera he seguido harto mi instinto”

El negocio de las estufas consolidó su carrera de empresario, pero nunca dejó de lado su trabajo fijo de piloto comercial. Aunque reconoce que ser piloto es una de sus grandes pasiones, hace cinco años se retiró, y desde entonces ha emprendido vuelo en nuevos negocios. El más reciente: las aguas saborizadas.

“Uno nace con el espíritu del emprendimiento y de involucrarse para impulsar cosas. Desde que tengo uso de razón que siempre estuve haciendo algún tipo de negocio”.

“Los emprendedores tienen una gran cuota de riesgo y yo nunca me he sentido realmente uno, porque he crecido de a poco, entonces solo he arriesgado tiempo y ganas, pero nunca dinero”.

Decidió hacer el curso de piloto privado mientras estaba terminando sus estudios del colegio, así fue como sacó la licencia de piloto, incluso antes que la de conducir. Mientras reunía las horas de vuelo necesarias, impulsó el que sería su primer emprendimiento, con solo 20 años: una tienda deportiva llamada Wind Surfing Chile, que hasta el día de hoy sigue operando en Avenida Las Condes.


Cuando se dedicó de lleno al pilotaje, comenzó trabajando en el área cargo de una línea aérea, instancia que lo acercó a experiencias en nuevos países y realidades que en Chile aún no se concretaban, como las señaléticas y barreras de construcciones de calle.


“En esa época, en Chile esas cosas no existían, pero en Estados Unidos tenían conos iluminados y barreras marca Bob. Eso fue lo primero que se me ocurrió desarrollar y la verdad, me arrepiento de no haberlo hecho porque poco tiempo después vino el boom en Chile de la construcción de carreteras y autopistas, cosas que antes no teníamos”, recuerda.


Pese a lo anterior, una casualidad marcaría lo que sería, quizás, lo más importante de su carrera profesional: las estufas Toyotomi. Un compañero de trabajo le pidió como favor que en el avión le trajera dos estufas a parafina. “Me insistió tanto que acepté. Aunque las encontré súper raras, como me había hablado tantas maravillas, decidí traerme una para mí también”.


Así fue como las conoció y detectó una opción de negocio: un año más tarde ya estaba viajando a Japón para traer las primeras 30 estufas, luego fueron 70, luego 150. En 2002 le vendió 200 estufas a Sodimac, instancia que consolidaría el futuro de la marca en el país.


Hoy se encuentra frente a un nuevo desafío: llevar un nuevo producto a Estados Unidos. Se trata de Siddharta, una infusión desarrollada entre Pedro Bastidas y Carla Ochoa, quienes se inspiraron en la cultura budista para dar origen a un agua que mezcla el agua de la Patagonia con frutas, hierbas y té.

“El trabajo en equipo es fundamental, porque hay gente que tiene muchas más capacidades que uno, sobre todo para mí, que no estudié nada relacionado al manejo de negocios”.

– ¿Dónde cree usted que nacen estas ganas y esta impronta de crear y generar negocios?
– Uno nace con el espíritu del emprendimiento y de involucrarse para impulsar cosas. Desde que tengo uso de razón que siempre estuve haciendo algún tipo de negocio. Además, cuando uno tiene la tranquilidad financiera, es decir, los gastos fijos solventados, podía jugar con mis tiempos libres sin arriesgar el patrimonio familiar, ya que nunca dejé de trabajar como piloto. Así es como hoy ya tengo un par de negocios andando, y me puedo dar el lujo de incursionar en cosas sin realmente arriesgar el vivir.

– ¿Quién ha sido su guía en este camino y su ejemplo a seguir?
– No tengo a alguien que siga, pero durante mi carrera he seguido harto mi instinto y me he dado cuenta de que tengo ese don de adaptarme y hacer cosas nuevas. Los emprendedores tienen una gran cuota de riesgo y yo nunca me he sentido realmente uno, porque he crecido de a poco, entonces solo he arriesgado tiempo y ganas, pero nunca dinero.

Ahora, el trabajo en equipo es fundamental, porque hay gente que tiene muchas más capacidades que uno, sobre todo para mí, que no estudié nada relacionado al manejo de negocios. Pero me doy cuenta de que me gusta más el lado del desarrollo de negocios.

– ¿En este camino te has topado con tropiezos? ¿Qué enseñanzas te dejaron?
– Sí, pero no los veo como fracasos, sino que más bien como instancias para ganar sabiduría. Todo este tiempo me ha dado la posibilidad de tomar los negocios con harta calma. Con las Toyotomi me traje estufas de a poco, y eso me dio la posibilidad de ver temprano si iban a ser un éxito.
Las veces que no me ha resultado un negocio, he apostado poco dinero y eso me enseñó que hay que partir probando para darse cuenta de inmediato si algo va a funcionar.

“Las veces que no me ha resultado un negocio, he apostado poco dinero y eso me enseñó que hay que partir probando para darse cuenta de inmediato si algo va a funcionar”.

De la parafina a las bebidas

Además de ser empresario y piloto, Bob Borowicz también es deportista. Todas estas vetas que marcan su personalidad lo han hecho explorar y acercarse a nuevas oportunidades de negocio. Así fue como se asoció con Carla Ochoa y Pedro Bastidas en el negocio de las bebidas, pues reconoce que le vio potencial de inmediato.

Se trata de una infusión que contiene ingredientes como goji, mango africano, limón, ginseng, jengibre, té Matcha y té verde, que ayudan principalmente a acelerar el metabolismo, eliminar líquidos y activar la mente en forma natural.

“Sin hablar de precios, yo le dije a Pedro que me anotaba, porque, además, conocía sus capacidades y su visión. Se trata de un agua que apunta hacia la vida sana y tiene una visión de meditación, de estar bien por dentro y por fuera, entonces el concepto detrás era muy atractivo para todas las personas”, reconoce.

Hoy el empresario se encuentra en Estados Unidos internacionalizando la marca y probando el producto. Hacia el futuro, se trasladará a Barcelona por asuntos familiares y allí espera tener más accesibilidad con Europa, lugar donde ya están tramitando los registros de marca y la aprobación para la venta de Siddharta.

“Hay harto que hacer porque queremos desarrollar la bebida con productos locales, porque la logística está complicada. Entonces al llegar a Barcelona me pondré a buscar proveedores”, concluye.