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Eduardo della Maggiora:

“La vida se construye de pequeños fracasos”

Una noticia familiar le puso un freno a su estilo de vida y lo llevó a reflexionar sobre quién quería ser en el futuro. Ese viaje interior lo llevó a otro más concreto: a ser voluntario en un colegio de Tanzania, donde pudo observar de cerca la desnutrición infantil, algo que lo inspiró a crear el emprendimiento social Burn to Give, plataforma que transforma calorías quemadas a través del movimiento y el ejercicio, en alimentos para niños de escasos recursos.

 

“La vida se construye de pequeños fracasos. Cuando partimos Burn to Give con mi hermano Cristóbal, en el camino fuimos aprendiendo cosas para llegar mejor a nuestro propósito”

En su adolescencia, Eduardo della Maggiora tenía en el horizonte dedicarse profesionalmente al tenis, pero un incidente cambió todos su planes: su padre, quien más lo apoyaba en su sueño, sufrió un paro cardiorrespiratorio y después de un tiempo, falleció. Eso cambió sus prioridades: decidió estudiar y se propuso ser el número uno en el colegio para poder entrar a estudiar ingeniería civil en la Universidad Católica.

Logró ambas cosas y, con el pasar de los años, se convirtió en analista de fusiones y adquisiciones de JP Morgan en Chile, posición que llegó a liderar en New York, completando una década en esa área. Sin embargo, la vida le tenía preparado un segundo golpe: su madre fue diagnosticada con leucemia terminal, una situación que le puso un freno a sus actividades y le hizo preguntarse “¿qué pasa si mañana tengo un accidente, cómo mediría mi vida? ¿La mediría por notas que tuve en la universidad, por la plata que tengo en el banco? ¿Qué estoy haciendo para que mi vida valga la pena? Empecé a cuestionarme qué estaba haciendo para usar mis habilidades en ayudar a otros y la verdad, no tuve ninguna respuesta”, reflexiona.

Durante el camino de la enfermedad de su madre, Della Maggiora padeció de cerca el sufrimiento y los temores que traen consigo una situación tan compleja como esa. Fue un año que se transformó en un punto de inflexión, que lo hizo replantear sus prioridades y pensar qué persona quería ser en el futuro.

En medio de ese cuestionamiento, tomó una decisión radical: renunció a la empresa para transformarse en voluntario en un colegio de educación básica en Tanzania, África. “Cuando uno se enfrenta a la fragilidad de la vida, comienza a tomar decisiones que no habría tomado en condiciones normales”, dice.

Así, estuvo en total seis meses enseñando matemáticas e inglés a niños de escasos recursos en ese lugar.

“Al poco tiempo de estar haciendo clases, me di cuenta que la comida que al mediodía le dábamos a los niños, era lo único que ingerían en la jornada. Eso hizo que le pusiera un rostro a la desnutrición infantil, algo que en Chile no existe y en Estados Unidos, menos. Vivir eso me tocó de maneras que no me hubiese imaginado”, cuenta.

Haciendo ese voluntariado, un día por casualidad Della Maggiora descubrió el Campeonato Mundial de Ironman en Kona Hawaii.

“Quedé impresionado por las historias de quienes cruzaban la meta. No podía imaginar cómo podían nadar, luego subirse a la bicicleta por 180 kilómetros y rematar con una maratón de 42 kilómetros más”, comenta, añadiendo que eso le hizo recordar y reconectarse con lo mucho que disfrutaba el deporte cuando era un adolescente. “Y también, cuestionarme que en los últimos 20 años había acumulado hartos kilos de más”, dice entre risas.

Así, al volver a Chile –además de impulsar Tyndall Group, firma de fusiones y adquisiciones, junto a excompañeros de JP Morgan– tomó la decisión de prepararse para el Ironman de Pucón, lo que se transformó en el puntapié inicial en este camino de los triatlones, una ruta en la que, incluso, fue seleccionado para representar a Chile en el Campeonato Mundial de Ironman en Australia en 2016, donde terminó como subcampeón en su categoría.

“A medida que entrenaba y participaba de las carreras, perdí muchos kilos y tuve la idea, un tanto romántica, de que todos esos kilos que estaba perdiendo se pudieran transformar, de alguna manera, en alimento para los niños con los que estuve en África… Partió como una idea y hoy ya estamos consolidados en el tema de calorías por calorías”, comenta.

“La decisión más riesgosa que he tomado fue renunciar a JP Morgan (…) Seguí más mi instinto que mi cabeza (…) Mirando hacia atrás, fue la mejor decisión que pude haber tomado en la vida, pero fue también el salto más difícil, sin duda, porque me sacó de mi zona de confort”

“Quiero que Burn to Give se convierta en la plataforma de bienestar con propósito más grande del mundo y que impacte la vida de millones de personas, a través de esta “varita mágica” que es inspirar a las personas a vivir la mejor versión de su vida”

Cambio de paradigma

La huella que dejó la experiencia en África fue profunda en la vida de Eduardo della Maggiora. Tanto, que esos aprendizajes lo hicieron consolidar esa idea de “calorías por calorías”, transformándola en Burn to Give, una plataforma digital que creó en 2018 junto a su hermano Cristóbal y que busca inspirar a empresas y sus colaboradores a mejorar su salud y bienestar, generando, a la vez, un impacto en las comunidades.

De esta forma, las calorías quemadas por cada trabajador, se transforma en donaciones de alimentos: a la fecha, la firma ha entregado cerca de un millón de almuerzos a más siete mil niños, logrando levantar US$ 8,5 millones de financiamiento para reforzar la aplicación, junto con incorporar servicios de telemedicina y un seguro de vida que incrementa en la medida que el colaborador hace actividad física.

-Además de apoyar a los niños de África, ¿de qué otra forma aporta la app?
-Empezamos en África y Haití. Actualmente seguimos con eso, pero profundizamos nuestro impacto social para hacerlo también en Chile y Perú, y no sólo en calorías de comidas. También plantamos árboles, entregamos agua a lugares donde no existe, educación. Una serie de otras causas sociales. En la actualidad ya firmamos con 100 empresas de diferentes rubros, donde destaca Walmart, BHP, Samsung y Coca-Cola.

-La vida del emprendimiento tiene altos y bajos, ¿te has topado con muchos fracasos en este camino?
-La vida se construye de pequeños fracasos. Cuando partimos Burn to Give con mi hermano Cristóbal, en el camino fuimos aprendiendo cosas para llegar mejor a nuestro propósito. Muchas veces nos dimos cuenta que el camino no era el que pensábamos y por eso, en realidad más que hablar de fracasos, me gusta hablar de aprendizajes que nos han llevado a impulsar de mejor forma lo que hemos construido.

En el ámbito personal, claro, cuando uno se enfrenta a un dolor, fracaso o pérdida emocional, puede ser muy impactante. Pero cuando se mira con los binoculares del optimismo y uno se cuestiona lo que se hizo bien o mal, se puede apuntar más precisamente hacia dónde hay que mejorar. Ahí es donde creces personal y profesionalmente.

-¿Y con situaciones riesgosas?
-Creo que la decisión más riesgosa que he tomado en este camino fue renunciar a JP Morgan. En ese momento, me pregunté harto si la decisión que estaba tomando era la correcta porque, además, la gente cercana a mí me decía que mejor esperara a adquirir más experiencia. Pero seguí más mi instinto que mi cabeza, sabía que ya había adquirido todo las herramientas y todo lo necesario para dar el siguiente paso. Mirando hacia atrás, fue la mejor decisión que pude haber tomado en la vida, pero fue también el salto más difícil, sin duda, porque me sacó de mi zona de confort.

-Durante tu vida has hecho hartas cosas y muy diferentes, ¿cómo explicas este motor que te ha movido?
-Si tuviera que resumir este camino, diría que me ha guiado la pasión, hacer lo que me gusta. Aunque suene raro, las finanzas me emocionaban y las disfrutaba mucho. Después, por cosas de la vida, fui tomando otros rumbos, como el lado más deportivo y ahora el del emprendimiento social. Todo eso lo he hecho porque me apasiona y es algo que me tiene muy contento.

-A futuro, ¿qué otras ideas te gustaría desarrollar?
-Quiero que Burn to Give se convierta en la plataforma de bienestar con propósito más grande del mundo y que impacte la vida de millones de personas, a través de esta “varita mágica” que es inspirar a las personas a vivir la mejor versión de su vida.

 

“Si tuviera que resumir este camino, diría que me ha guiado la pasión, hacer lo que me gusta”