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Jaime Arrieta, CEO y cofundador de Buk

“Emprender es como estar en una montaña rusa”

Jaime Arrieta dirige Buk, la plataforma de gestión de personas que permite automatizar los procesos de una empresa en el área de recursos humanos. Es su segundo intento como emprendedor y hoy está entre las startups locales que se perfilan como unicornios. La idea fue suya, pero la concretó con otros socios que, asegura, son parte fundamental del éxito de la compañía y de este acierto que también marca un hito en su historia personal y profesional.

“Mis padres son emprendedores y ellos me han influenciado mucho a lo largo de mi vida. Digamos que todo empezó con ósmosis de a poco, y siempre los vi como un modelo a seguir”.

En medio del boom de las startups chilenas está Buk. El trabajo de esta plataforma de gestión de personas que permite automatizar todos los procesos de una empresa en esta área contribuyó a posicionar recientemente al país en el segundo puesto en actividad emprendedora en su etapa inicial del Informe de Competitividad Global. También está entre las candidatas a dar el tan anhelado salto y convertirse en el próximo unicornio del país, y la primera compañía en la región del rubro de HR Tech, con una valoración futura cercana a los US$1.000 millones y una proyección de US$160 millones en ventas anuales.

Se escribe en pocas líneas, pero el trayecto ha sido largo y riesgoso. Han pasado más de seis años desde que Jaime Arrieta, su CEO, tuvo un momento eureka justo cuando asesoraba a una empresa que tenía un área de recursos humanos “muy caótica”, con montones de papeles que se acumulaban cada fin de mes.

Cuando Arrieta terminó la asesoría, pensó que podía mejorar mucho más ese escenario con tecnología y automatización. Partió con esa idea a Estados Unidos a hacer un MBA y allá terminó de concretarla. Conoció a Santiago Lira, que en ese momento trabajaba en Falabella, y ambos le dieron forma a Buk entre clase y clase. Después sumaron a los hermanos Felipe y Ricardo Sateler.

A la vuelta a Chile echaron a andar formalmente el emprendimiento. “Mucha gente piensa que volví de Estados Unidos y me traje la idea. Pero la verdad es que la idea es chilena, y si bien se desarrolló allá, fue acá donde se concretó”, cuenta.

Uno de los primeros clientes de Buk fue Wom, tras adjudicarse una licitación para hacerse cargo del área de recursos humanos. Con ese gol llegaron más empresas y empezó el crecimiento. En 2018 facturaron US$ 1 millón y triplicaron su personal. Pero en 2019, con el estallido social, tuvieron que repensar algunas estrategias y apostar con más fuerza por proyectos internos con una mayor carga de sostenibilidad. Así nació Buk Starter, un software de remuneraciones gratis para PYME.
Arrieta cuenta que en 2020 superaron los tres mil clientes y las ganancias alcanzaron los US$ 6,4 millones. Para 2021 estiman llegar a los US$ 12 millones. En paralelo, decidieron conquistar Perú y Colombia y, recientemente, México.

Hace poco anunciaron la compra de Ctrl It, otra empresa tecnológica del país, en una operación de compra que implicó US$2 millones, para ofrecer un servicio “integral” no solo en Chile sino en los demás países donde tienen presencia.

“En Estados Unidos hice una práctica donde me fue muy bien. Me ofrecieron trabajo en Chicago y en Miami y rechacé todo porque quería emprender en Chile”.

“Creo que en el emprendimiento y también en la vida, las ideas valen poco o nada. Lo que importa es la ejecución”.

-¿Siempre quisiste sumar el emprendimiento a tu historia de vida?
-No sé si a mi historia personal, pero es algo que ya estaba en mi historia familiar. Mis padres son emprendedores y ellos me han influenciado mucho a lo largo de mi vida. Digamos que todo empezó con ósmosis de a poco, y siempre los vi como un modelo a seguir.
Este es mi segundo emprendimiento. Antes hacía clases para quienes querían entrar a la universidad y con otros amigos que también lo hacían nos juntamos y armamos un preuniversitario, con la premisa de que las alternativas disponibles para la preparación de la PSU no eran suficientes. Fue un proyecto muy exitoso que tuve que dejar por cuestiones de tiempo y agenda.

-¿Fue difícil partir con Buk? ¿Cómo manejaron el financiamiento inicial?
-Nunca hemos levantado capital. A diferencia de otros negocios, siempre apostamos por lo que los gringos llaman bootstrap, que es partir una compañía con nada más que ahorros personales y con el dinero de las primeras ventas. También nos ayudamos con préstamos de amigos y familiares. Partir así es difícil, y creo que los primeros pasos de cualquier emprendimiento, independiente de la estrategia y del modelo de negocios, también lo será. Siento que emprender es como estar en una montaña rusa, de hecho me dio úlcera durante los primeros meses porque fue realmente estresante: me vine de Estados Unidos con la deuda del MBA, que salió bastante caro. Había hecho una práctica donde me fue muy bien, me ofrecieron trabajo en Chicago y en Miami y rechacé todo porque quería emprender en Chile. Tenía miedo de lo que vendría y de no haber tomado las decisiones correctas, pero aquí estamos. Obviamente no fuimos rentables desde el día 1. Por eso, en paralelo trabajaba haciendo asesorías para una empresa, y los demás socios también tenían sus trabajos. Hubo mucho sacrificio por nuestro lado; por ejemplo yo no ganaba sueldo al principio, pero esos sacrificios al final son buenos porque funcionan para realmente priorizar el tema de los recursos.

-¿Cuáles son las lecciones más importantes que te ha dejado tu camino en el emprendimiento y que han aportado a tu crecimiento personal y profesional?
-Creo que en el emprendimiento y también en la vida, las ideas valen poco o nada. Lo que importa es la ejecución. En mi caso, la ejecución de Buk efectivamente se dio en Estados Unidos y tuve la suerte de que allá se juntaron varias piezas para poder aterrizar esta idea. Las personas con las que levanté el proyecto son parte de ello, y ahí viene el segundo aprendizaje: emprender solo es muy difícil y muy duro, y se necesitan partners con quienes poder pensar y después poder armar un gran equipo.
Otra lección fundamental es que esa idea que tengas venga a solucionar un problema. Muchos emprendedores parten por la solución, pero no saben qué quieren solucionar. Dicen que quieren trabajar con Blockchain, con Inteligencia Artificial o con alguna tecnología que esté de moda, pero eso es partir al revés.
También es importante aprender a pivotear, algo que tuvimos que hacer mucho a raíz del estallido social. Significa que aunque partas con una hipótesis y un problema identificado, y sepas cómo puedes solucionarlo, igual tienes que entender que a medida que vas avanzando habrá que hacer ajustes, porque quizás el valor está en otra parte. Para eso hay que tener la mente muy abierta.

“Emprender en solitario es muy difícil y muy duro. Se necesitan partners con quienes poder pensar y después poder armar un gran equipo”.

-¿Y algunas lecciones heredadas de la experiencia de tus padres?
-Verlos en sus negocios me hizo entender que este mundo es muy difícil. Ambos tuvieron tiempos muy duros y tomaron altos riesgos. Por ejemplo, la empresa de mi papá quebró en su minuto con la crisis asiática, tuvo que renegociar, fue un período muy complicado. En paralelo, mi mamá decidió emprender como corredora de propiedades y armó su empresa. Aprendí mucho con eso: la perseverancia y la pasión, que al final van a definir el tiempo que le vas a dedicar a esto, porque emprender te exige estar en mentalidad de trabajo 24/7, que no es lo mismo que ser trabajólico, pero al final es un proyecto muy importante de tu vida y vas a pensar en eso los fines de semana y algunas noches también.

-¿A quiénes admiras en el ecosistema del emprendimiento?
-De afuera, clásicos como Elon Musk o Jeff Bezos. He leído todos sus libros y he aprendido un montón, y con cada paso que dan también aprendo. Pero más me sorprenden los emprendedores chilenos, y creo que por eso los admiro más. En ese grupo están Ignacio Canals, fundador de Lemontech; Eduardo della Maggiora, de Betterfly; Pedro Pineda, de Fintual, y obviamente todos los Cornershop, porque lo que están haciendo es increíble.

-¿Cómo te proyectas en el futuro?
-Siempre he soñado con dejar un legado. Me gustaría que la gente se acuerde de mí por algo bueno que hice, y creo que con Buk no lo voy a lograr, o al menos no de la forma que me gustaría. Así que creo que cuando cumpla mi ciclo ahí, quizás me vaya a hacer algo social. Apenas lo estoy pensando y no hay nada concreto, porque justo ahora todas mis energías están en esta empresa y en el plan que tenemos de aquí a cinco años: consolidar Chile, donde tenemos un 5% del mercado, y llevarlo a 20%; llevar a Perú y Colombia al mismo peso de Chile, y avanzar con todo en México, que es un mercado gigante.