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Janan Knust:

“Si se tienen las ganas y la actitud, el resto se aprende”

En 20 años, pasó de lavar platos a estar a la cabeza de una empresa de logística con ventas anuales por cerca de US$ 15 millones, luego de transitar por un camino de arduo trabajo, lleno de aprendizajes, éxitos y fracasos, donde la decisión de apostar por el capital humano y por la renovación tecnológica de una industria sumamente tradicional, han sido las claves.

En Suiza, donde se fue a los 17 años a estudiar hotelería, ver a varios compañeros trabajar los fines de semana, aunque muchos tenían gran poder adquisitivo “me dio humildad, la conciencia de que yo soy como me comporto, como me relaciono con el resto de las personas”

Con una facturación que se aproxima a los US$ 15 millones al año, K-Log, la empresa de logística que Janan Knust formó cuando tenía 30 años, ha sobrellevado con éxito los meses críticos de la pandemia y se prepara para dar sus próximos pasos en el mercado internacional, abriendo oficinas en Perú y Colombia.

Algo parecido a lo que vivió su fundador cuando, a los 17, decidió partir solo rumbo a Suiza para estudiar hotelería, luego de haber jugado fútbol toda su vida y de haber dejado las ramas inferiores del Club Universidad Católica después de que, en lugar de contratarlo para su equipo profesional, optaran por enviarlo a préstamo a La Serena.

“No había sido muy bueno en el colegio y tampoco me gustaba mucho estudiar”, cuenta, así que vio en Suiza una oportunidad para empezar a construir su futuro. Ahí aprendió dos cosas fundamentales, recuerda. La primera fue “el tema de la ‘universidad de la vida’ y de entender que me las tenía que jugar solo para sobrevivir, después de haber tenido la fortuna de que mi familia me pudo apoyar con los estudios”.

Y la segunda fue ver a sus compañeros de universidad, muchos de los cuales tenían un gran poder adquisitivo pero trabajaban, igual que él, como meseros los fines de semana. “Eso me ayudó muchísimo a abrir los ojos, a entender que uno puede estar en algún minuto en una posición y luego en otra, y que eso no dicta quién eres”, asegura. “Me dio humildad, la conciencia de que yo no soy lo que yo hago, yo no soy mi trabajo. Soy cómo me comporto, cuán consciente soy, cómo me relaciono con el resto de las personas. Y en eso da lo mismo si eres lavaplatos o eres el gerente general de un hotel”, afirma.

Tras terminar sus estudios, fue contratado por la cadena Four Seasons para viajar alrededor del mundo abriendo nuevos hoteles. Vivió en Rusia, Islas Maldivas, París, Roma y Lisboa; aprendió idiomas -hoy habla siete-, y terminó quedándose fuera de Chile por 15 años. “Fue algo muy bonito porque logré meter las manos al barro y con las manos con barro logré comer chocolate”, compara.

Fue por esos días cuando se dio cuenta de que si seguía donde estaba, continuaría moviéndose por el mundo, quizás en posiciones de mayor responsabilidad. Pero le picó “el bichito del emprendimiento” y tomó una decisión: regresar a Chile para establecerse y hacer familia. Tenía 30 años.

“Me gusta hacer cosas nuevas, pero relacionadas con lo que me gusta hacer a mí, más que emprender por emprender”

Tras terminar sus estudios, fue contratado por la cadena Four Seasons para viajar por el mundo abriendo nuevos hoteles. Vivió en Rusia, Islas Maldivas, París, Roma y Lisboa. “Fue algo muy bonito porque logré meter las manos al barro y con las manos con barro, logré comer chocolate”, compara

Un nuevo rumbo

Volvió a la casa de sus padres y, cuando ya estaban empezando a agotarse los ahorros, su papá le pidió que lo acompañara a una reunión con unos empresarios de Hong Kong. Su padre tenía una empresa de logística y una propuesta de negocios que no estaba interesado en tomar “y, entre botella de vino y botella de vino, escuchando qué hacían los chinos, mi papá les dijo que no le interesa pero yo dije que sí, ‘a mí me interesa, enséñenme”, recuerda.

Considerando sus experiencias previas, pensó “si se tienen las ganas y la actitud, el resto se aprende. Y me embarqué en esto”. Viajó a Hong Kong para interiorizarse de un negocio que desconocía por completo -el movimiento de cargas logísticas- y comenzó. Claro que no fue tan fácil como pensó: dos años después había perdido más de US$ 500 mil y su relación con los socios chinos estaba en peligro, así que tomó un avión a China para “dar la cara y decir ‘confíen en mí, voy a generar cambios para que esto de verdad se revierta”.

Estaba en una industria, dice, con muy poca innovación, donde quienes la conforman lo han hecho durante toda la vida y donde las cosas se hacen igual desde hace mucho tiempo. “Para ejemplificar, la última gran innovación de la industria de la logística fue el contenedor, y eso pasó hace 50 años. La innovación fue que se estandarizó ese contenedor, que todos lo ocuparan igual”, comenta.

Así que hace cuatro años -y cuatro después de su fundación- tomó la decisión de modificar su negocio en dos frentes: el capital humano y la tecnología, convencido de que sobre la base de las personas y la tecnología podría generar un cambio importante. “Ahí se hizo un quiebre, por decirlo de alguna manera, en relación hacia dónde iba la compañía”, explica.

Así, a través de una plataforma en línea -tipo Expedia, dice-, la empresa permite hacer todo el proceso para traer o enviar cargas al extranjero, desde buscar un espacio en un barco o ver los precios, hasta conocer qué lleva el contenedor y hacerle seguimiento en altamar, “lo que da inteligencia, trazabilidad y después, más inteligencia para tomar mejores decisiones”.

Con el foco puesto ahí, K-Log empezó a surgir “pero sin olvidar nunca que lo fundamental era seguir entrenando a las personas”, a fin de traer talentos nuevos a la industria y que ellos logren no sólo aportar valor a la compañía, sino también hacia ellos mismos.

Tras volver a Chile a los 30 años y acompañar a su papá, que tenía una empresa de logística, a una reunión con empresarios chinos, se hizo cargo de un negocio que su padre no quiso y que él desconocía por completo. Considerando sus experiencias previas, pensó “si se tienen las ganas y la actitud, el resto se aprende. Y me embarqué en esto”

Hoy tiene más de 2.500 clientes de todos los tamaños, algunos tan grandes como CasaIdeas, Colloky o Toyotomi, y más de 100 colaboradores, a quienes, al comenzar la pandemia, les aseguró que no habría despidos ni bajas de sueldo. Por el contrario, los llamó a “preocuparnos, sobre la base de nuestro propio esfuerzo y metiendo las manos al barro, de crecer”.

El resultado ha sido “impresionante”, aunque reconoce que también tuvieron la suerte de estar en una industria que ha seguido moviéndose, pese a todo. Porque si en estos meses ha bajado la carga de ropa o zapatillas, ha aumentado la de mascarillas y termómetros.

En paralelo, tiene otro emprendimiento al que la crisis sí ha afectado. Se trata de eCook, una empresa de comida gourmet congelada al vacío que ya tiene tres años y que en estos meses sufrió una fuerte baja en sus ventas, porque entre sus clientes había varios restaurantes que, por la pandemia, dejaron de funcionar. Así que la decisión fue potenciar el e-commerce, lo que le ha ayudado a mantenerse a flote.

“Me gusta hacer cosas nuevas, pero relacionadas con lo que me gusta hacer a mí, más que emprender por emprender. Me gustan las cosas que consideren a las personas, que tengan temas internacionales, de alto crecimiento también”, cuenta.

Pero no sólo eso: parte de su agenda la dedica a dar charlas motivacionales a otros emprendedores, así como también a estudiantes y empresarios, basado en su historia personal. El lema es claro: “Nutrir el talento para alcanzar el éxito”.