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Marcelo Guital:

“El éxito es un cúmulo de fracasos corregidos”

Partió con un quisco en la playa, siguió con la venta de computadores e incluso comercializó motos a Carabineros. A los 25 años, logró su primer US$ 1 millón pero lo perdió todo al poco tiempo. Fue ahí que el empresario se enfrentó a una nueva realidad y ese traspié lo llevó a replantearse lo que sería su carrera a futuro.

“Con este afán que tenía de surgir, cometí muchos errores. Pero no conozco a nadie exitoso que no tenga quiebras en el cuerpo”

“Yo vengo del mundo del fracaso”.

Así describe su trayectoria en los negocios el empresario Marcelo Guital. Una historia que a muy temprana edad, cuando aún estaba en el colegio y se le ocurrió ubicar un quiosco en la playa, pero con algo distinto: nuevos productos, gente joven atendiendo y buena música. Una suerte de “resort” en medio de una de las playas de Viña del Mar y su primera incursión en el mundo del emprendimiento, con la que llegó a ganar grandes sumas de dinero -incluso algunas veces más que su padre-, y que aportó la motivación necesaria para seguir adelante e incursionar en nuevos nichos. Así fue como luego de constantes clausuras a su quiosco de la playa por no contar con los permisos o formalizaciones de la Gobernación Marítima y el Servicio de Impuestos Internos (SII), Guital no se detuvo y se las ingenió para buscar nuevos frentes. De esa forma, vendió computadores e, incluso, motos enduro a Carabineros.

En ese camino de descubrimiento, llegó incluso a ganar US$ 1 millón con tan sólo 25 años, pero la poca experiencia y “los malos socios” lo llevaron a tomar decisiones como invertir en bolsa sin conocer en profundidad lo que esto significaba. Así, a los pocos años de estar en la cima, se vio envuelto en una deuda por $ 400 millones y un Dicom que le costó su casa, auto y todas las pertenecías que había ganado con su esfuerzo durante los primeros años de trabajo.

Sin embargo, con su impronta y su talento, Guital tenía claro que quería seguir emprendiendo, aunque no sabía en qué.

“Benedictino ‘se casó’ con Coca-Cola y ese ‘matrimonio’ ha sido fructífero, lo que me enorgullece enormemente porque es una marca creada por un chileno. Por mí”

-¿Cómo estas experiencias lo prepararon para lo que sería su vida profesional a futuro?
-Con este afán que tenía de surgir, cometí muchos errores. Pero no conozco a nadie exitoso que no tenga quiebras en el cuerpo. Todo eso se puede evitar si te educas, vas a la universidad e incluso llegas a tener un MBA. Yo no terminé de estudiar, pero fui aprendiendo a medida que fui creciendo y hoy me gusta leer y aprender de todo.
Pero claro, como no sabía de estados de resultados, marco legal u otras aristas importantes en un negocio, aprendí a porrazos. Por eso mismo, a temprana edad me vi con una gran deuda, que luego mis amigos Rodrigo González e Iván Rodríguez me ayudaron a enfrentar, junto con impulsar la idea de agua Benedictino.

Grandes ligas

Cerca del año 2000, Guital pudo observar que el negocio del agua tenía buenas perspectivas: bajos costos de producción y un mercado donde podía haber un crecimiento exponencial, pues para esa época los chilenos consumían cerca de 4 litros per cápita al año. En ese contexto, decidieron impulsar Benedictino, marca que al primer año de operación logró acaparar el 5% del mercado y para su tercer año, el 18%, haciendo temblar a la industria con una onda expansiva que hizo que Coca-Cola Company llegara en 2008 con una oferta para comprar la marca por US$ 5 millones.

“Cuando nos dimos cuenta que había una oportunidad en el mercado del agua, diseñamos algo disruptivo y antagónico a lo que ya existía. Todos los productos deben tener algo que lo caracterice y esa distinción, debe ser un beneficio. Por ejemplo, le sacamos el sodio al agua y la industria se demoró años en hacerlo”, comenta.

-¿Cómo fue impulsar una marca propia y luego vendérsela a un gigante como Coca-Cola?
-Emocionalmente, uno nunca se desprende de la marca. Cada vez que veo una botella de Benedictino, me genera algo, y más aún cuando la veo en otros países o cuando la gente lleva la botella a lugares que no la venden.

“Los emprendedores nacen y no se hacen. El perfil de estas personas es ir más allá de lo común y corriente, tienen un motor propio y no se echan a morir a la primera frenada. Es más, creo que los fracasos son la mejor forma de aprender”

-¿En algún momento dudó en vender o se arrepintió cuando ya lo había hecho?
-Benedictino “se casó” con Coca-Cola y ese “matrimonio” ha sido fructífero, lo que me enorgullece enormemente porque es una marca creada por un chileno. Por mí.
Y claro, cuando vendimos tuve sentimientos encontrados porque era la primera vez que podía acceder a ese nivel de dinero, aunque lo que más me motivó fue que le estaba vendiendo mi producto a la empresa más grande del mundo. No pasé por una venta local, sino que se la vendí al más grande, después de Coca-Cola no existe otra. Me puedo morir y Benedictino va a seguir ahí, el valor de la marca física significa mucho más que una tecnológica. Coca-Cola no va a desaparecer nunca y Benedictino será la primera marca chilena que va a trascender generaciones.

Lo que vino después

Luego de este hito, Guital no se detuvo y creó Rizola, una línea de bebidas saborizadas levemente gasificadas, que se venden en botella de vidrio y que espera revolucionen el mercado. También creó su propia firma, Guital&Partners –de la cual es su CEO-, que construye marcas para “provocar experiencias gratificantes y éxitos comerciales”. Hoy tienen grandes clientes como Walmart, Bimbo y Microsoft, pero también se encargan de visualizar y buscar potencial en emprendedores, para ayudarlos a impulsar su idea.

“Es un modelo disruptivo, capaz de detectar oportunidades, ejecutarlas y llevar valor donde no existía. Muchas empresas te dan el diagnóstico, pero no una solución”, explica.

-¿De dónde nacen estas ganas de emprender y estar constantemente generando negocios?
-A diferencia de lo que muchos opinan, los emprendedores nacen y no se hacen. Principalmente, porque el perfil de estas personas es ir más allá de lo común y corriente, tienen un motor propio y no se echan a morir a la primera frenada. Es más, creo que los fracasos son la mejor forma de aprender, ya que el éxito es un cúmulo de fracasos corregidos. No conozco a ningún emprendedor que haya tenido una vida exitosa y fácil a la vez. Yo nací con todo eso.

“Aunque todos tienen ese concepto equivocado de que el emprendedor trabaja menos por no tener jefe, es todo lo contrario. Hay que darse ánimos todos los días para salir a trabajar”

-Usted dice que los emprendedores nacen con talentos, aunque igualmente se van nutriendo en el camino. ¿Quién fue su inspiración?
-Siempre hay alguna inspiración. Cuando joven tuve de suegro a Vicente Gimeno, joyero famoso en esa época, y al ver el ritmo de vida que tenía me di cuenta que quería ser empresario, tener autonomía. Aunque todos tienen ese concepto equivocado de que el emprendedor trabaja menos por no tener jefe, es todo lo contrario. Hay que darse ánimos todos los días para salir a trabajar.

-¿De qué manera los negocios –y todo lo que traen consigo– le han cambiado la forma de vivir su vida profesional y personal?
-Me ha hecho pensar y ver que hay que ayudar a quienes lo necesitan. Creo que la forma más rápida de acortar la brecha entre los que tienen y los que no, es el emprendimiento porque las empresas ya no pueden dar más trabajo. Es más, su propósito es hacer más con menos, por lo que a futuro se va a automatizar gran parte de los procesos y mucha gente quedará sin trabajo.
A esa gente hay que enseñarle a emprender y no necesariamente en lo que hicieron toda su vida, sino que a través de algo que amen. Por medio de la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech), donde soy director, estamos impulsando eso, emparejar la cancha, es decir, ser más inclusivos y colaborativos.

-Ahora con la pandemia nuevamente ha quedado al descubierto ese tipo de problemas.
-Este tiempo se ha vuelto un momento para replantearse y ver si lo que estás haciendo hoy te motiva. Aunque toda acción tiene un 20% de problemas, no existe el 100%… uno puede estar feliz, pero tiene ese 20% que acarrear, pero por lo menos que tenga un sentido y un propósito en tu vida.
Hoy recién se habla de ser cooperativo e inclusivo y vemos cómo las empresas están apoyando a emprendedores, algo que hace 10 años era impensado. Justamente eso me ha ayudado mucho en los negocios, me di cuenta que maximizar utilidades sólo por hacerlo, no es mi devoción.

“Hoy recién se habla de ser cooperativo e inclusivo y vemos cómo las empresas están apoyando a emprendedores, algo que hace 10 años era impensado. Eso me ha ayudado mucho en los negocios, me di cuenta que maximizar utilidades sólo por hacerlo, no es mi devoción”