Construye tu historia

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Construye tu historia

Nicolás Shea:

“Nada en mi vida ha sido un plan diseñado”

Una plataforma online que hoy está presente en cuatro países y en la que se han capacitado más de 930.000 alumnos; una aceleradora de startups que es líder en Latinoamérica; una plataforma de financiamiento colaborativo que se convirtió en la más grande de la región; una asociación gremial para emprendedores, y hasta una agrupación que nació con la misión de apoyar el emprendimiento y que actualmente, en medio de la pandemia, presta apoyo económico a varios proyectos, entre ellos los de un grupo de ingenieros chilenos que fabrica los tan demandados ventiladores mecánicos.

La cabeza de Nicolás Shea está detrás de esos proyectos y de muchos otros. Pero nada de todo aquello ha respondido a una hoja de vida previamente diseñada.

Shea se define a sí mismo como un emprendedor social, y quien no lo conozca y se encuentre con él en LinkedIn o en Internet por primera vez, probablemente pensará que todo lo que está en su curriculum vitae deriva de un plan estructurado o de metas que se trazó para ir creando, de a poco, empresas exitosas. Nada más alejado a eso pues han sido sus obsesiones las que han ido forjando su historia profesional, junto con problemas o inquietudes que se le presentaron y que en algún momento puntual quiso resolver.

Dice que sólo en una época de su vida decidió no seguir lo que en una familia de abogados pensaban que era la ruta lógica: estudió Ingeniería Comercial y al poco tiempo de estar trabajando en la banca, se dio cuenta que no era lo que quería hacer. Lo que sí quería, en cambio, era encontrar algo que le permitiera hacer aportes trascendentales. Ahí entendió que tenía una vena social y se dedicó a explorarla, para empezar a construir su historia.

 “Voy sobre la marcha y de repente se me aparecen cosas que me obligan a pensar. Sin quererlo, he desarrollado un talento para crear proyectos y empujar sus primeras millas, pero a veces es muy agotador. Por eso siempre me apoyo 100% en mis equipos”

-Si tuvieras que definir las etapas más fundamentales del inicio de tu vida profesional, las que mejor definan el lugar en el que estás hoy, ¿cuáles serían?
-Con mi primer trabajo en un banco de inversiones, si bien lo encontraba interesante y aprendí muchísimo, entendí que no tenía la estructura para desarrollarme en el mundo financiero. Además, me parecía que estaba muy lejano al usuario final. Así que decidí tomarme un break, renuncié y empecé a buscar alguna fundación para aportar desde ahí. Lo hice en la Fundación Las Rosas y fue una etapa que activó por primera vez el tema social dentro de mí.

-¿Qué lecciones te dejó ese paso a nivel profesional?
-Fue una experiencia interesante desde lo laboral porque me permitió ver cómo un profesional joven como yo podía aportar valor a una organización que tenía poca plata y poco equipo. Eso me llevó a armar un programa que se llamó Jóvenes al Servicio de Chile, que trataba básicamente de encontrar profesionales muy jóvenes y muy capaces que pudieran o quisieran tomar roles de alta responsabilidad en municipalidades rurales.

-Hiciste un máster en Estados Unidos por esa época.
-Sí, después me encontré con la educación. En ese momento, se estaba dando en Estados Unidos todo un movimiento en torno a la privatización de la educación, y había mucha expectativa de que el emprendimiento privado iba a entrar a este sector. Ahí vi una oportunidad, me la jugué y en vez de hacer un MBA como todos mis compañeros de la universidad, fui a hacer un máster en Educación en la Universidad de Columbia.
Cuando volví a Chile, pasé un año en la Dirección de Educación de la Municipalidad de Santiago y después de eso partí e-Class, que es mi primera empresa y con la que volví a Estados Unidos a estudiar en la Universidad de Stanford, con la idea de diseñarle una estrategia de expansión internacional. Desde allá abrimos para Colombia y Perú. Y entonces llegó el terremoto de 2010.

-A partir de ahí, tu vida dio un giro de 180 grados…
-La mía y la de todos los chilenos. Para mí fue un hito porque con mi señora teníamos la idea de quedarnos al menos cinco años en California, pero anticipamos la vuelta a Chile porque surgió una oferta del Ministerio de Economía para hacerme cargo del área de innovación y emprendimiento. Yo venía muy enfocado en educación, pero ese momento me cambió el rumbo.

-¿Por qué? ¿En qué sentido?
-Era un reto enorme: reconstruir un país desde la innovación y el emprendimiento. Me puse a pensar en qué solución podría surgir de los problemas que tenía alrededor y cómo eso podría traducirlo a una idea innovadora. Pensé mucho en mis compañeros de curso que soñaban con quedarse a vivir en Estados Unidos emprendiendo, pero era imposible porque no tenían visa ni manera de tramitarla. Y pensando como un alumno, di con la solución. Me pregunté qué haría si trabajara dentro del gobierno, si tuviera poder, si tuviera presupuesto. La respuesta era muy obvia: le pagaría a mi amigo suizo que es experto en biotecnología, o a mi amigo indio que es un crack en el mundo de las energías renovables, para que vinieran a Chile con sus proyectos por seis meses o un año a probar. Así nació Start-Up Chile.

“(la política) es un tema que tengo pendiente, pero no porque tenga alguna aspiración política en particular, sino porque deseo trabajar para tener una democracia más fuerte”

-¿Te ha pasado algo similar con tus demás proyectos?
-Sí, con todos. Han sido hitos puntuales, pero siempre muy sencillos e inesperados, sólo que me obsesiono con la manera en que los puedo resolver. Por ejemplo, hace poco salió en la prensa que uno de cada tres chilenos está sobreendeudado, y ese fue un problema que a mí se me presentó hace casi diez años, cuando una persona que trabajaba conmigo vino a pedirme dinero prestado porque su sueldo no le alcanzaba para pagar sus deudas y además, estaba pagando un interés de 73%. Eso quedó ahí. Tiempo después, siendo funcionario público, me tocó reemplazar al ministro en una conferencia en Los Ángeles donde conocí a Chris Larsen, el fundador de Prosper. Cuando supe lo que hacían quedé fascinado y pensé que debíamos traer ese modelo a Chile. Volví a pensar en el problema del sobreendeudamiento y así nació Cumplo.

-¿Cómo surgió entonces la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech)?
-Tiene una raíz similar. Cuando estuve en el gobierno, muchas veces llevaba emprendedores a la oficina de Juan Andrés Fontaine, que entonces era el ministro, para que los conociera. Algunos contaban sus problemas, pero lo cierto es que el gobierno no podía conversar uno a uno con las empresas y entonces entendí la importancia de los gremios, así que cuando salí de la administración pública formé la Asech.
Nada en mi vida ha sido un plan diseñado: voy sobre la marcha y de repente se me aparecen cosas que me obligan a pensar. Sin quererlo, he desarrollado un talento para crear proyectos y empujar sus primeras millas, pero a veces es muy agotador. Por eso siempre me apoyo 100% en mis equipos.

 

Empoderar a otros

-De esas etapas que recuerdas, ¿en cuál te ha tocado tomar las decisiones más difíciles o más riesgosas?
-No la mencioné pero, por lejos, fue cuando decidimos meternos en política, algo que en ese momento fue una inconsciencia. El tema es que, de nuevo, yo veía muchos problemas -y los sigo viendo-, y quería aportar.

-¿Desde qué lugar?
-De repente, en Chile empezaron a ocurrir cosas muy preocupantes, sobre todo ligadas a la corrupción, y me pregunté qué podíamos hacer. Ahí fue cuando, junto con otros 30 emprendedores, decidimos entrar al juego creando la plataforma Todos, que la pensamos como un LinkedIn para la política.
Pero después nos dimos cuenta que si no era un partido político, no iba a funcionar. Nunca pensamos que nosotros seríamos los candidatos, pues la idea era que salieran de quienes se inscribieran en esa red, pero no lo hicimos de la mejor manera y se salió un poco de control. Terminé siendo candidato presidencial y viviendo unos meses con un nivel de locura difícil de describir. De hecho, mis amigos creyeron que me había vuelto loco.
Igual es un tema que tengo pendiente, pero no porque tenga alguna aspiración política en particular, sino porque deseo trabajar para tener una democracia más fuerte.

-Siempre que te preguntan cuán difícil es emprender, dices que al final todo depende de por qué haces lo que estás haciendo, y que cuando tienes claro ese porqué, lo demás resulta más fácil. ¿Cuál es ese porqué, en tu caso? ¿Qué te mueve?
-Me hago esa pregunta constantemente, y al final concluyo que lo que más me mueve es empoderar a otros, construir empresas que perduren o apoyar empresas, conectar a personas y estimular el talento colectivo. Me llena mucho ver que las personas avanzan y se desarrollan, ya sea emprendedores que aconsejo y crecen, o empresas que diseño y generan trabajo y clientes satisfechos.
Me gusta lo que estamos haciendo con el G100, promoviendo la filantropía y una estructura que fomenta la participación de los empresarios y los emprendedores más allá de las empresas. También estoy muy contento con lo que estamos haciendo con Cumplo y cómo ese trabajo beneficia a miles de emprendedores y PYME, junto con mejorar la rentabilidad a miles de inversionistas. O cuando veo a alumnos fascinados con la experiencia de e-Class, es algo que también me emociona porque además fue la primera cosa importante que hice en mi vida.

“Lo que más me mueve es empoderar a otros, construir empresas que perduren o apoyar empresas, conectar a personas y estimular el talento colectivo. Me llena mucho ver que las personas avanzan y se desarrollan, ya sea emprendedores que aconsejo y crecen, o empresas que diseño y generan trabajo y clientes satisfechos”