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Patrick Mork:

“Las personas se olvidan de que su vida profesional y personal están interconectadas”

Durante su vida, Patrick Mork ha saltado de país en país y de empresas a emprendimientos. Esta experiencia le ha entregado un alto conocimiento del mundo tecnológico y del marketing. Sin embargo, la velocidad con la que estaba viviendo lo llevó un día a un tremendo desafío: se separó de su señora y se quedó sin trabajo. Tuvo que empezar de nuevo y, esta vez, se acercó al mundo del coaching, nicho al que hoy está dedicado.

“No tenía claro lo que quería hacer, por lo que decidí volver a estudiar y hacer un MBA en Francia. Esto me permitió dar un cambio importante en mi vida y pasar del marketing a la tecnología”.

“No me gustaba mucho Google porque yo pensaba que Android en su época era una plataforma muy ‘chanta’. Tú comparabas Android versus IOS, y Iphone era limpio y lindo, todo funcionaba muy bien, con muy buena integración”.

Nació en Bélgica, pero su padre trabajaba para grandes multinacionales, lo que llevó a la familia a estar moviéndose por el mundo constantemente. Hoy reconoce que ha vivido en 11 países, de donde ha aprendido cultura, idiomas y se ha desarrollado profesionalmente.
Patrick Mork, CEO de LEAP, estudió ingeniería civil y se desempeñó inicialmente en el área de marketing de Pepsico, oportunidad que lo trajo a Chile a mediados de los años 90. “Después de cinco años en esto me di cuenta de que no era realmente lo mío, había sido algo que no me gustaba y que lo hice un poco para seguir los pasos de mi padre”, admite.
Mientras pasaba por este proceso, donde reconoce haber sentido miedo por el cambio, se dio cuenta de que cada vez se hablaba más de tecnología y emprendimientos. Sin embargo, “no tenía claro lo que quería hacer, por lo que decidí volver a estudiar y hacer un MBA en Francia. Esto me permitió dar un cambio importante en mi vida y pasar del marketing a la tecnología”, relata.
Luego de esa experiencia de reset, un día se interesó en las telecomunicaciones porque miró su teléfono de marca Erikson que lo único que podía hacer en ese tiempo eran llamadas, y vio que había una oportunidad de mejora. Así, comenzó su carrera en el área como consultor, donde alcanzó a estar un año y medio en el cargo. “Me echaron, pero yo estaba feliz porque no era lo mío, ahí fue cuando decidí a montar mi primera startup”, cuenta.
Se trató de una especie de cibercafé dedicado a jugar videojuegos en línea, al que dedicó tres años. Sin embargo, el negoció no resultó: “La gente empezó a tener alta velocidad de Internet en sus casas por lo que los juegos empezaron a migrar, ya no había necesidad de ir a un cibercafé”.
A inicios del año 2000 comenzó a participar en una empresa que desarrollaba videojuegos para celulares, como FIFA, Need for Speed, NFL y Madden, donde Mork estaba a cargo de los lanzamientos. “Ese fue mi primer acercamiento a Google”, precisa, explicando que esta experiencia lo llevó a que lo reclutaran de una empresa que desarrolló “una de las primeras appstore del mundo. Durante cuatro años fue espectacular, teníamos 50.000 aplicaciones, las ventas se disparaban, abrimos una oficina en Londres, en California en Silicon Valley y fue ahí donde conocí a la gente de Google”.

“En el transcurso de mi salida de Google, me separé de mi señora y me quedé sin trabajo. Ella se regresó a Chile con nuestros hijos. Realmente estaba mal. Ahí tomé una decisión que cambió mi vida: contratar a un coach ejecutivo”.

“Cuando mi señora se fue, primó el valor del “buen padre”, donde jamás se abandona a los hijos y era obvio. Si realmente quería ser un buen papá tenía que sacrificar todo por el bien de ellos. Pero al llegar acá no tenía idea de lo que iba a hacer”.

La era Google

Aunque ha dicho abiertamente no ser un fan de Google, le ofrecieron ser director de Marketing mundial para Google Search, puesto que rechazó en primera instancia. Incluso, cuenta que cuando lo convencieron de participar del proceso y aceptó ir a la entrevista, se le olvidó que la tenía agendada y tuvo que reprogramar.
“No me gustaba mucho Google porque yo pensaba que Android en su época era una plataforma muy ‘chanta’. Tú comparabas Android versus IOS, y Iphone era limpio y lindo, todo funcionaba muy bien, con muy buena integración”, recuerda.
Sin embargo, cuando fue al campus de Google quedó encantado y aceptó el trabajo. Al principio, el proyecto que le presentaron le pareció muy interesante, pero viendo que, tras venir de un emprendimiento había pasado “de almorzar con cinco personas, a estar en una oficina que parece universidad, donde tienes que hacer fila para almorzar… Me di cuenta de que no era lo mío, me sentía como un pedazo de una fábrica”.

“Si te das cuenta de que no te gusta, no estás aprendiendo, tienes que escuchar al corazón y hacer un cambio”.

-Para muchos, Google sería como la consagración de una carrera. ¿Qué vino después?

-En el transcurso de mi salida de Google, me separé de mi señora y me quedé sin trabajo. Ella se regresó a Chile con nuestros hijos. Realmente estaba mal. Ahí tomé una decisión que cambió mi vida: contratar a un coach ejecutivo, donde empecé a cuestionar toda mi vida, tanto que yo estudié y me hice coach también.

-De todas las etapas que hemos repasado, ¿en qué momento de tu vida reconoces haber tomado la decisión más difícil?

-La más dura fue cuando en 2018 decidí irme de Silicon Valley para volver a Chile. Mucha gente me dijo que estaba loco, que cómo iba a irme a Chile después de diez años en Silicon Valley. Luego, hacerme coach de emprendedores y montar desde cero un negocio en un país que no conocía de hace más de veinte años y una cultura e idioma que no eran los míos.

Finalmente, cuando mi señora se fue, primó el valor del “buen padre”, donde jamás se abandona a los hijos y era obvio. Si realmente quería ser un buen papá tenía que sacrificar todo por el bien de ellos. Pero al llegar acá no tenía idea de lo que iba a hacer, no conocía a nadie, a sólo dos personas que fueron a Silicon Valley, y tuve que partir de cero.

– ¿Qué lecciones has aprendido en este camino?

– Las personas se olvidan que su vida profesional y personal están interconectadas, eso siempre lo veo en el coaching. Un fracaso tremendo que sufrí profesionalmente fue cuando me uní a un emprendimiento que no encajaba conmigo, pero lo hice porque necesitaba el dinero. Pero fue un tremendo error porque no estaba apasionado con el trabajo y, además, había vuelto a algo que me había jurado no volver: al marketing.

Entonces, si te das cuenta de que no te gusta, no estás aprendiendo, tienes que escuchar al corazón y hacer un cambio. Eso me costó mucho, a mí me echaron de trabajos después de Google por meterme en puestos que no me convenían, por intentar forzar algo, cuando sabía que no quería.

-Hoy tienes LEAP, una empresa de transformación cultural que tiene como objetivo ayudar a las empresas a convertirse “en una fuerza para el bien”, según dicen en su página web. ¿Tienes otros proyectos para el futuro?

-Estoy trabajando en un libro, pero también estoy evaluando crear una aplicación para que la gente cree mejores hábitos, tanto en su vida personal y profesional, para que tengan la vida que quieran y, a la vez, realizar cursos y videos online.

Nuestro objetivo es democratizar el coaching, porque hay un problema que cuando alguien necesita ayuda para transformar su carrera, un consejo, ser mejor líder, la gente contrata a un coach, pero ¿quiénes lo hacen? La gente exitosa, con plata, directores de alguna empresa, porque ellos tienen los recursos. A mí me apasiona empezar un proyecto para que más gente, cualquier persona que sienta que necesita coaching, que quiera hacer un gran cambio en su vida, lo pueda hacer, independiente de la cantidad de dinero que tenga.

“A mí me apasiona empezar un proyecto para que más gente, cualquier persona que sienta que necesita coaching, que quiera hacer un gran cambio en su vida, lo pueda hacer, independiente de la cantidad de dinero que tenga”.