Construye tu historia

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Pauline Kantor:

“Creo firmemente en la igualdad de oportunidades de vida entre hombres y mujeres”

Desde que salió del Ministerio del Deporte, en octubre de 2019, se siente como si hubiera bajado de un tren que iba a toda velocidad. Confiesa que todavía le cuesta retornar a ese ritmo de vida más pausado, pero mientras lo logra, se concentra en Dimacofi y en los próximos pasos que dará la empresa familiar, cuyo directorio preside desde agosto.

“El periodismo es de las cosas que más me ha marcado, porque te enseña a tener un espíritu que siempre está buscando el análisis detrás de cualquier información. Te enseña que (…) siempre debes estar atenta a lo que está pasando porque, como es un servicio público, no te puedes permitir comunicar algo de forma errónea”

Pauline Kantor ha vivido casi tantas vidas como un gato. Fue periodista y editora; asesora de comunicaciones; profesora; ministra de Estado y hasta campeona nacional de esquí. Hoy es parte del directorio del canal estatal TVN y pertenece a la cuarta generación de la empresa familiar Dimacofi, donde hace poco asumió como presidenta del directorio, la primera en los 92 años de la compañía. En paralelo, es esposa y mamá de cinco hijos que hoy tienen entre 30 y 18 años.

Dice que todas las etapas vividas son las que definen quién es hoy y las que lograron llevarla al lugar en el que está, aunque algunas no las buscara. La política es una de ellas, un mundo al que llegó porque se le presentó la oportunidad y, simplemente, la tomó. En el primer gobierno de Sebastián Piñera fue nombrada secretaria ejecutiva de la Comisión Bicentenario y después, directora del programa Elige Vivir Sano. En el segundo, ministra del Deporte por casi dos años.

Sabía que entrar en política era un riesgo y que tendría que asumir algunos costos, como el de intercambiar por completo los roles en el hogar, para que su esposo se hiciera cargo de gestionar la casa. Cuando trabajó en el primer gobierno de Piñera, su hijo Benjamín le escribió por Twitter al mandatario: “Presidente, devuélvame a mi mamá”.

Se ríe al contar esa anécdota. Ahora, ella está trabajando desde casa y su hijo en La Moneda, como asesor presidencial. Y aunque muchas cosas han cambiado desde que inició su trayectoria profesional, dice que sigue mirando el mundo con ojos de reportera.

“El periodismo es de las cosas que más me ha marcado, porque te enseña a tener un espíritu investigador, que siempre está buscando el análisis detrás de cualquier información. Te enseña que no puedes cometer errores, que siempre debes estar atenta a lo que está pasando porque, como es un servicio público, no te puedes permitir comunicar algo de forma errónea. También te enseña a solucionar problemas. Creo que es lo que más ha marcado mi personalidad”, dice sobre este oficio que, admite, no fue fácil de dejar.

“En el camino, probablemente tuve la posibilidad de tomar trabajos de mayores responsabilidades pero los fui dejando porque sentía que necesitaba mayor flexibilidad para estar con mis hijos”

“En los períodos en que estuve en el Gobierno, mi marido se encargaba de todo, desde lo que se compraba y lo que se comía, y eso fue una experiencia muy enriquecedora”

-¿En qué etapas de tu vida has tenido que tomar las decisiones más complejas?
-Llevo 32 años de matrimonio y muchas veces he tenido que transar. Con mi marido hemos tratado de hacer una buena combinación entre la familia, el trabajo y la carrera profesional. Muchas veces, esas ganas de compatibilizar no te permiten tomar cargos en primera línea y en el periodismo me pasó, pero lo decidí así y no fue fácil. Cuando Verónica López me invitó a trabajar con ella, como su mano derecha, en la revista Sábado de El Mercurio, no existía ni la maqueta del proyecto. Pero dije que no porque preferí quedarme como editora de los contenidos fijos pues eso me iba a permitir compatibilizar mejor mi carrera con mi casa.

En el camino, probablemente tuve la posibilidad de tomar trabajos de mayores responsabilidades pero, de alguna manera, los fui dejando porque sentía que necesitaba mayor flexibilidad para estar con mis hijos y acompañarlos en cosas relevantes para ellos y también para mí.

-¿Cómo fue pasar al mundo público en 2010?
-Fue otra decisión difícil. Mi hijo menor tenía diez años y rápidamente me di cuenta que en ese tipo de trabajos el eje cambia por completo pues tus energías estarán mucho más concentradas ahí que en las cosas familiares.

En ese sentido, el apoyo de la pareja es fundamental, necesitas que ese acuerdo esté muy bien puesto sobre la mesa y que sea muy transparente, porque ante una oportunidad así, los roles se van a invertir: en los períodos en que estuve en el Gobierno, mi marido se encargaba de todo, desde lo que se compraba y lo que se comía, y eso fue una experiencia muy enriquecedora.

-Tras tu salida del Ministerio del Deporte y la reciente incorporación a Dimacofi, ¿los roles familiares se volvieron a invertir?
-Más o menos. No ha sido tan fácil recuperar ese lugar de dueña de casa. Los primeros meses me decían que estaba muy encima de todos y una vez, incluso, me insinuaron que debía volver a buscar algo que me mantuviera ocupada las 24 horas porque sentían que los estaba volviendo locos con todas mis instrucciones. Eso fue muy chistoso.

Venía con un ritmo acelerado, haciendo y gestionando mucho. Aprendí un montón del mundo público pero al salir, sentí que me bajaba de un tren que iba a 300 kilómetros por hora y que, de repente, me quedé en la estación en cero. Ha sido un gran proceso mental, emocional y físico, porque mi cuerpo está volviendo a adaptarse a un biorritmo distinto. Eso toma tiempo, pero estoy muy contenta.

 

“Ser la primera mujer en llegar a presidir el directorio (de Dimacofi) es muy simbólico porque esta es una industria muy masculinizada (…) Es sumamente importante que las mujeres podamos estar en estos cargos (…) ya es hora de emparejar la cancha”

El nuevo rol

Pauline en realidad se llama María Paulina. Nadie la llama por su nombre de pila, y en su casa le dicen Pauli. El cambio ocurrió cuando tenía 7 años, al llegar a Estados Unidos a vivir durante una temporada con su familia.

En el colegio, cuando la profesora la presentó ante la clase, le pidió que les dijera su nombre, pero le pareció muy difícil de pronunciar en inglés. Entonces, escribió en el pizarrón: Pauline. Le preguntó si le gustaba y si podían llamarla así. “Lo miré, lo medité unos segundos, y le respondí ‘ok, so now I’m Pauline’. Y así me quedé para siempre. Sólo soy María Paulina en mis documentos oficiales”, dice.

De su infancia, también recuerda jugar entre fotocopiadoras e impresoras, pues la ex ministra prácticamente creció con Dimacofi. “Una vez imprimimos billetes, los recortamos, los pintamos y los llevamos al colegio. Imagina tener tanto ‘dinero’ a esa edad, nos creíamos lo máximo”, cuenta entre risas.

Se acuerda de cada innovación de la época que iba llegando a la empresa, y mientras era testigo de su evolución, se preguntaba cómo sería el trabajo ahí dentro, en un mundo que ya conocía no sólo por lo que veía, sino porque el negocio siempre era tema de conversación en casa.

-El anuncio de tu entrada al directorio de Dimacofi creó una polémica en redes sociales. Algunas personas dijeron que no había mérito alguno, por el vínculo familiar. ¿Qué respondes a esas críticas?
-Esta es una empresa familiar y el directorio siempre ha estado dirigido por un miembro de la familia. Ese siempre ha sido el espíritu. Siento mucho orgullo por el tipo de empresa que hemos formado, que funciona de forma muy profesional en su gobierno corporativo, tanto en la parte administrativa y gerencial, como en el directorio, donde hay tres directores profesionales y tres miembros de la familia.

-¿Cómo analizas tu llegada?
-Ser la primera mujer en llegar a presidir el directorio es muy simbólico porque esta es una industria muy masculinizada. El servicio técnico, por ejemplo, está dominado por hombres, son ellos quienes siempre están trabajando con las máquinas y prestando ese servicio. No hemos logrado incorporar mujeres en esa área y cambiar eso es una de mis metas.

Creo que es sumamente importante que las mujeres podamos estar en estos cargos directivos, es la forma en que damos el ejemplo a las generaciones que vienen, porque ya es hora de emparejar la cancha, de terminar de derribar los muros que tienen a las mujeres dedicadas únicamente a las tareas del hogar.

-¿Cómo aprovechas la experiencia adquirida en el sector público en tu rol actual?
-Del mundo público me traje muchos aprendizajes, pero uno de los más significativos es la mirada de servicio. Después de pasar por un ministerio yo no podría mirar este negocio como algo netamente asociado a un producto para vender. Hoy esa mirada es mucho más amplia, y tiene que ver con el aporte que queremos hacer para la sociedad y para el país.

También me dejó un sentido muy desarrollado de escucha y de negociación, porque si hay algo que uno tiene que hacer en el sector público es escuchar, levantar necesidades y llegar a acuerdos para después establecer políticas públicas.

-Y en ese sentido, ¿hacia dónde quisieras guiar a Dimacofi?
-Esta empresa siempre ha tenido una política muy preocupada del medio ambiente, cero residuos, muy asociada al reciclaje y alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Ahora estamos muy enfocados en adaptarnos a este nuevo mundo que no sabemos muy bien cómo será, pero sin duda vamos guiados por un espíritu de servicio público.

Normalmente en el sector privado se tiende a pensar mucho más desde el logro individual, respecto de los intereses de cada grupo. Pero los tiempos han cambiado y, aunque todos queremos que nos vaya bien en términos de rentabilidad, eficiencia y rendimiento, hoy el rol en la sociedad debe ser mucho más marcado y las empresas que no lo tengan claro van a ir quedando fuera del mapa. Muchas no lo entienden, pero cada una puede ayudar y aportar para ir cambiando de a poco el mundo.

-¿Qué otros temas quieres impulsar?
-Nosotros estamos en el ámbito de las máquinas y tenemos mucho trabajo por delante, con los procesos de robotización o las impresoras 3D, por ejemplo.

El tema de educación es muy importante, por eso tenemos una alianza con Think Academy, una plataforma de gestión de aprendizaje online. También estamos trabajando con varios colegios, a propósito de la pandemia y del increíble impulso a las clases online, porque queremos aportar en mejorar las clases e incorporar tecnología a las salas con nuestras impresoras 3D, que facilitan etapas de exploración y de investigación para que los alumnos puedan generar procesos creativos dentro de su sala de clases.

Aumentar la participación femenina en la empresa y en la industria en la que nos movemos también es una de las cosas por las que quiero trabajar.

-¿Te consideras feminista?
-Sí, soy una feminista liberal. Quizás miro el feminismo algo distinto a como puedan verlo algunos jóvenes hoy, pero creo firmemente en la igualdad de oportunidades de vida entre hombres y mujeres.

-¿Tienes algún sueño pendiente?
-Uno no, muchos. En el mundo de la política tengo uno bien grande y es el que me hizo dar un paso que no había dado, para sumarme a un partido político. Eso lo hice recién en marzo, con Evópoli.

Siempre valoré mucho mi independencia en todo sentido, sobre todo en la política y en la forma de abordar la religión. Pero sentí que estábamos en un mundo tan cambiante y con tantas necesidades, y me convencí que es a través de la política donde creo que también puedo ayudar.

Mis sueños ahí van en varias líneas: el primero es dar la pelea por reducir la brecha de género, buscar que la cancha se empareje. En el Ministerio del Deporte, por ejemplo, vi tantas veces partir al equipo nacional de hombres al hemisferio norte a entrenar, pero el de mujeres no podía ir y se perdían muchas oportunidades. Eso no puede seguir pasando y quiero trabajar para cambiarlo.

Tengo otro sueño muy asociado a un principio de Evópoli, que tiene que ver con la ciudad justa. Creo que estas brechas también se van disminuyendo si se empiezan a abordar desde el barrio. Un ejemplo es el empeño porque todos tengan cerca un parque, un lugar para salir a caminar o trotar, que tengan ese espacio máximo a 15 minutos de distancia, y que no tengan que tomar el transporte público y viajar una hora o más porque en tu comuna no hay áreas verdes.

-¿Y sueños personales?
-No voy a decir que esta es mi última etapa porque hoy vivimos mucho más que antes, pero estos años que me quedan quiero aprovecharlos muy bien para tener tiempo de convivir en familia.

Espero que en algún futuro no tan lejano lleguen los nietos, porque si no, como les digo siempre a mis hijos, voy a estar tan vieja que no voy a tener ánimo ni ganas de llevarlos a subir cerros, o salir en bicicleta, o enseñarles a esquiar o a jugar tenis.

“Si hay algo que uno tiene que hacer en el sector público es escuchar, levantar necesidades y llegar a acuerdos para después establecer políticas públicas”