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Rafael Donoso:

“Cuando uno se emborracha en los éxitos, no es capaz de aprender”

Cuando un cercano suyo le pasó $ 935 mil, los ahorros de toda su vida, para que los hiciera crecer, el cofundador de Focus AGF se dio cuenta de que la salud financiera no estaba al alcance de todos. Y un día, conversando con unos amigos, decidieron emprender con un propósito claro: contribuir, a través del conocimiento financiero, a la felicidad de la gente. Pero para llegar ahí, tuvo que recorrer un largo camino de aprendizajes y decisiones.

 

“En menos de tres meses pasé de estar viviendo en Manhattan, a vivir en el sur e ir todos los días a Puerto Montt. Fue un cambio de vida (…) y una pausa para repensar cuáles eran los siguientes pasos en mi carrera”

El emprendimiento estuvo dando vueltas en la mente de Rafael Donoso desde siempre, pero algo faltaba para dar el salto. “Al final hay un conjunto de microhistorias que se empiezan a acumular y hay algunas otras que empiezan a funcionar de gatillo, y que te terminan de dar el empujón para dar el paso”, reconoce.

Y esas historias comenzaron al terminar su carrera de Ingeniería Civil en la Universidad de Chile, donde comenzó a trabajar en el Grupo de Finanzas Corporativas del Banco Santander, una experiencia que “cayó como anillo al dedo” para sus inquietudes, pues le permitió aprender, desde una óptica financiera, de distintas industrias y de distintos modelos de negocio.

Vivió un año en Nueva York, donde estuvo trabajando para la oficina local del mismo banco, justo antes de la crisis subprime, en “el período de los excesos de la industria financiera”, recuerda.

Al volver a Chile, quiso cambiar de aire. Estaba recién casado y tuvo la opción de trabajar vinculado a la industria del salmón, así que decidió irse a vivir a Puerto Varas. “En menos de tres meses pasé de estar viviendo en Manhattan a vivir en el sur e ir todos los días a Puerto Montt. Fue un cambio de vida, como un respiro y también una pausa para repensar cuáles eran los siguientes pasos en mi carrera. Fue un súper buen período”, asegura.

Poco tiempo después, regresó a Santiago para trabajar nuevamente en finanzas. Jorge Claro y Matías Claro, los fundadores del CDF, estaban buscando un nuevo desafío y lo invitaron a ser parte de lo que entonces era Claro y Asociados, y que después se transformó en Ameris Capital.

“Volví a mis orígenes de consultoría financiera, pero con foco en el emprendimiento”, comenta. “Un ángulo especial, menos de banquero y más de construcción de negocio y de financiamiento de proyectos. Tenía también un aire fresco respecto a lo que yo había hecho en Santander”, sostiene.

Permaneció ahí por alrededor de cuatro años y decidió irse a Asset Chile, para hacerse cargo de un fondo de venture capital con foco en minería. Una nueva aventura en capital de riesgo, dice, pero esta vez en una industria mucho más técnica y de la que quería aprender.

“Ahí empecé a saborear el mundo del capital de riesgo, de ver cómo compañías en etapas tempranas -mineras, en este caso- daban sus primeros pasos y cómo se iban valorizando en el tiempo”, comenta.

Y la idea de emprender, que estaba esperando su momento, empezó a germinar. “Creo que lo que me faltaba era entender un propósito, saber cuál era el problema que me interesaba resolver, y que eso fuera más grande que mis ganas ganar plata”, asegura.

“Emprender debe tener un sentido y tiene que terminar de cerrar un círculo que uno empieza a recorrer, probablemente, desde que entra a la vida adulta, hasta que ya tienes la suficiente madurez profesional o emocional para dar este salto. Hasta que encontré ese propósito”, afirma.

“Emprender debe tener un sentido y tiene que terminar de cerrar un círculo que uno empieza a recorrer desde que entra a la vida adulta, hasta que ya tienes la suficiente madurez profesional o emocional para dar este salto”

“Uno va a tener aciertos y errores en el camino, pero estás con los ojos mucho más abiertos a ver aprendizajes en cada una de esas cosas (…) Y obviamente que hay que disfrutar de los éxitos, pero cuando uno se emborracha en ellos, no es capaz de aprender”

La revelación

Hubo dos momentos que lo marcaron para dar, por fin, con esa motivación. “Llegó un punto en que analicé mi vida profesional y me di cuenta de que siempre estaba trabajando para personas muy ricas, que estaba poniendo todas mis capacidades y las de quienes trabajaron conmigo -mis jefes y las que trabajaron bajo mi cargo-, para ayudar a personas de altísimo patrimonio, que probablemente no eran los que más lo necesitaban”, explica.

A eso se sumó que alguien muy cercano a él, quien sabía que trabajaba en finanzas, le entregó en un sobre los ahorros de toda su vida, para que los hiciera crecer. Eran $ 935 mil.

Así que un día, tomando un café con Eugenio Cisternas y Francisco Errandonea, todos de larga trayectoria en el mundo financiero, “se dio uno de esos momentos de serendipia, como se les llaman, donde todas las historias convergen y algo extraordinario pasa”, relata: se dieron cuenta de que querían trabajar para contribuir a la salud financiera de las personas y, a través de eso, a su felicidad.

Ese momento marcó una de las decisiones más complejas que ha tomado, al dar el salto hacia el emprendimiento. La otra gran decisión de su vida, cuenta, había sido convertirse en padre.

En ese café, la idea fue clara: “Dijimos que, como lo único que sabemos hacer en la vida es finanzas, podemos construir una herramienta para que cualquier persona se pueda hacer cargo de sus finanzas, de ahorrar, reducir sus deudas. Que pueda, en vez de concretar sus propósitos endeudándose y endeudándose caro, tener las herramientas para empezar a ahorrar y a construir su propio futuro financiero”.

A partir de esa conversación, ocurrida a inicios de 2018, decidieron crear una administradora general de fondos (AGF), que bautizaron como Focus, donde cualquier persona podría tener acceso a invertir (sin un mínimo de inversión), con información “en lenguaje para humanos” y con comisiones razonables.

“Ese es el propósito que orbita en todo lo que hacemos en SoyFocus.com, y cada vez que tenemos dudas de lo que estamos haciendo, cada vez que enfrentamos algún desafío, volvemos al propósito. ¿Para qué lo hacemos? Y la verdad es que cuando uno tiene un propósito claro, se hace todo bastante más fácil”, recalca.

Pero no todo fue sencillo. La nueva AGF obtuvo la licencia de la Comisión para el Mercado Financiero en agosto del año pasado y dos meses después comenzó a funcionar, justo la semana del 18 de octubre, cuando partió el estallido social.

“Pensamos que no era el minuto para salir a hablar de ahorro e inversión cuando estalló un problema en Chile que mostró una disociación y un quiebre súper grande en la sociedad y donde, probablemente, muchas personas se venían dando cuenta hace tiempo de que bajo cierta lógica y bajo cierto modelo de desarrollo y de relación compañías-sociedad, no se iban a lograr sus objetivos de felicidad o de aspiraciones”, reflexiona.

Pese a la contingencia, la recién fundada AGF ha crecido a un ritmo de 35% mensual e, incluso, superó el 50% en las últimas semanas, debido al retiro de los fondos de las AFP.

Y es que la pandemia, dice, está llevando a las personas a ser más conscientes de su propia fragilidad y ha despertado la necesidad de hacerse cargo de su futuro y de sus finanzas. Y en eso, “la tecnología, sumada a conocimientos financieros, es una súper herramienta para democratizar el acceso a esa salud financiera”.

Ahora, en medio de ese vertiginoso crecimiento y con planes para seguir expandiendo el alcance de Focus, entre lo que se incluye certificar a la AGF como una Empresa B, Donoso mira hacia atrás y reconoce que no le gusta evaluar sus historias pasadas como éxitos o fracasos, sino como aprendizajes.

“Sin duda, uno va a tener aciertos y errores en el camino, pero estás con los ojos mucho más abiertos a ver aprendizajes en cada una de esas cosas, qué hice bien y qué hice mal. Y obviamente que hay que disfrutar de los éxitos, pero cuando uno se emborracha en ellos, no es capaz de aprender”, asegura.

Lo mismo ocurre frente a los errores: si no se mira más allá de la tristeza o la frustración, no se puede aprender de ellos. “En algún minuto yo hice ese cambio de switch, y me ayudó a crecer mucho, personal y profesionalmente”, comenta.

Es que el camino del emprendimiento “está lleno de aprendizajes que se van sumando, todos son valiosos y hay que abrazarlos, incluso las cosas que se ha hecho mal”. Eso, acota, “no sólo te hace mejor emprendedor, sino que mejor persona, te hace ser capaz de lidiar mejor con tus relaciones interpersonales y te lleva a dar un salto y un crecimiento”.

El camino del emprendimiento “está lleno de aprendizajes que se van sumando, todos son valiosos y hay que abrazarlos (…) Eso no sólo te hace mejor emprendedor, sino que mejor persona”

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