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Rosita Parsons:

“Agradezco que nada me ha sido fácil, porque eso me ha hecho crecer”

Partió en el modelaje a los 15 años y logró lo que ninguna chilena hasta ese momento había conseguido: lanzar su carrera en el extranjero. Pero cuando tuvo que elegir, decidió quedarse en Chile por su familia y con el tiempo se convirtió en empresaria. Hoy, el ícono de la moda de los años 80 y 90 está trabajando para rescatar la gastronomía local y para que la pandemia no se lleve a su más reciente emprendimiento.

foto: Úrsula Madariaga.

Hizo comerciales, fue portada de revistas y protagonizó un reportaje de Informe Especial, en 1987, que la mostraba en su doble faceta de escolar y modelo. “Fue algo que transgredió en Chile en ese minuto y fue un cambio importante. Era algo muy insólito, que no se había dado antes y eso yo creo que causó un gran impacto”, reflexiona.

“Yo voy a ser modelo toda la vida”, dice Rosita Parsons con convicción, recordando aquella vez que caminaba por la calle, cuando tenía 14 o 15 años, y un productor se le acercó y le dijo “tú deberías trabajar como modelo”.

Así empezó el camino de quien se transformaría en un ícono de la moda en la década de los 80, una vida marcada por una carrera que comenzó de forma impensada, cuando todavía estaba en el colegio y cuando, contrariamente a lo que podría parecer, se sentía fea e insegura de su cuerpo, porque era muy alta, muy flaca y su cara tenía rasgos fuertes, muy distintos al ideal de Barbie que tenía como referente de belleza.

Hasta entonces, le gustaba ayudar en la fábrica de su papá, que además tenía una tienda en Providencia, y ganaba dinero vendiendo bolsas de tela hechas con los retazos que sobraban del taller. Años después el negocio familiar quebró y ella cuenta que, a través de esa experiencia de su papá, vio “muchas partes del ser humano que se pueden reinventar de alguna manera”.

Luego de aquel encuentro en la calle, comenzó a hacer comerciales, fue portada de revistas y protagonizó un reportaje de Informe Especial, en 1987, que la mostraba en su doble faceta de escolar y modelo, y que la hizo conocida en todo el país. “Yo llegaba del colegio con el bolsón, mis cosas, como una adolescente cualquiera, y me transformaban en una diosa, una cosa impresionante”, recuerda.

“La gente vio a esta niñita que salió del colegio y que era modelo, y que después comenzó a viajar… Fue realmente algo que transgredió en Chile en ese minuto y fue un cambio importante. Era algo muy insólito, que no se había dado antes y eso yo creo que causó un gran impacto”, agrega.

 

Participó en programas de televisión e, incluso, actuó en una teleserie, pero siempre siguió ligada al mundo de la moda. Así que, al regresar a Chile después de vivir afuera por unos años, fundó Parsons Fashion Management junto a su hermana Carolina, quien también es modelo.

Su despegue en las pasarelas del mundo la llevó a vivir en Nueva York, Alemania y España, en un constante ir y venir motivado porque, entre tanto, se había convertido en madre de Lorenza, su hija mayor. “Iba y volvía, no podía estar más de dos o tres meses por mi niñita, era imposible. Así que decidí no hacer carrera internacional y seguir en Chile”, comenta.

Esa decisión, sin embargo, no fue fácil y es parte de las situaciones en las que recuerda que la vida la puso en una encrucijada para seguir adelante. Quedarse en Chile, dice, fue su opción y la tomó “con un montón de miedo, inseguridad, llena de emociones, pensando si era bueno o malo… Pero como caballo de carreras, partí para allá. Un poco así lo he hecho. No sé si lo hice mal o lo hice bien, pero estoy agradecida hoy día de todas esas cosas. Así un poco he continuado mi vida, a través de las decisiones”.

Participó en programas de televisión e, incluso, actuó en una teleserie, pero siempre siguió ligada al mundo de la moda. Así que, al regresar a Chile después de vivir afuera por unos años, fundó una empresa junto a su hermana Carolina, quien también es modelo.

La compañía, llamada Parsons Fashion Management, asesoraba a empresas para desarrollar eventos de moda, pero también apuntaba a descubrir a nuevas modelos locales para potenciarlas a nivel internacional. Para eso organizaban un concurso de belleza, llamado Scouting Parsons, que recorría distintas ciudades en busca de jóvenes con proyección para las grandes pasarelas.

“Al final decidimos no continuarlo, porque Chile no tiene una masa importante de chicas con las que se puede viajar por el mundo”, explica Parsons, analizando que para haber logrado sostener a la empresa en el tiempo, se necesitaba tener “muchas modelos trabajando en el mundo y aquí podíamos sacar una o dos al año, y al final económicamente no era rentable un negocio así”.

foto: Úrsula Madariaga.

En la cocina local

Lo que descubrió después, aunque reconoce que no sabe cómo, era un nicho en el mundo de la gastronomía. Pero no cualquiera, sino que en la cocina chilena. Y a eso se ha dedicado por los últimos nueve años, en un emprendimiento que busca promover los atractivos culinarios locales e impulsar el desarrollo de los pequeños productores del área, conectándolos con potenciales compradores.

“Chile es un país normal, pero tiene una riqueza preciosa. A mí me gustaría validar nuestro producto chileno, es como un legado para mis niñitas. Quería decirles que su país es lindo y hay que cuidarlo. Y así nació este proyecto”, cuenta sobre Echinuco, sigla que significa “Encuentro chileno de nuestra cocina”.

Ferias gastronómicas, emporios y una recién inaugurada tienda en el Parque Arauco -que alcanzó a estar abierta nueve días antes de la pandemia- son parte de las actividades que realiza Echinuco. Ahora, a raíz del estallido social de octubre y de la emergencia sanitaria, que afectaron seriamente las visitas, comenzaron por primera vez a vender a través de e-commerce, aunque al principio les fue muy mal, cuenta.

“Es un negocio que uno va entendiendo y conociendo, si al final no se estudia para esto, uno tiene que aprender. Hay que escuchar a gente que te da consejos de cómo hacerlo. Y en eso estamos, como en un laboratorio”, reconoce. “Nosotros teníamos el negocio clarísimo, ya sabíamos lo que querían las personas cuando entraban a nuestra feria, y le entregábamos ese servicio. Hoy día nos tuvimos que reinventar en su totalidad”.

Lo importante para la empresa, pensando en el futuro, es seguir creciendo y en eso, es clave que el país logre crecer, para generar oportunidades para los emprendedores, afirma. A nivel personal, le gustaría estudiar algo nuevo, o aprender algo distinto, aunque reconoce que “nunca me he planificado mucho”.

Mirando para atrás, cree que “todo lo que he hecho ha sido complejo. Nada me ha sido fácil. Entonces, hoy día, ya con la experiencia que uno tiene en la vida, lo miras con más liviandad, pero en su momento yo creo que me dolía la guata, apretaba los dientes, no podía dormir… Toda esa emocionalidad la cargaba en mi cuerpo, y todo lo que hice me costó mucho”.

Reconoce que no fue menor transformar una vida de modelo a empresaria, cambiar los sistemas y aprender cosas nuevas. “Nada me ha sido fácil de ninguna manera y lo agradezco, porque eso me ha hecho crecer, aprender, entender, conocer. Pero rescatar esa cosa de conocer en la vida es muy rico. Es lo que me mantiene viva”, concluye.

Descubrió un nicho en el mundo de la gastronomía. Y a eso se ha dedicado por los últimos nueve años con Echinuco, emprendimiento que busca promover los atractivos culinarios locales e impulsar el desarrollo de los pequeños productores del área.

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