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Sebastián Espinosa

“Nunca hay que perder de vista la calidad de las cosas que vas haciendo mientras vas creciendo”

Tras una carrera estable en Silicon Valley, dirigiendo las operaciones de Coding Dojo en California, Sebastián Espinosa decidió volver a Chile para abrir el mercado Latinoamericano. “Básicamente vine solo con un machete, como quitando ramas del camino, porque acá no había nada”, cuenta sobre una de las decisiones más riesgosas y emocionantes que ha tomado en su vida.

“Me veo como un caballo de carrera, muy convencido de que tenía que dedicarme a esto, porque era lo que me gustaba y quería lograr estar aquí, generar ese vínculo con los grandes y con eso lograr un impacto positivo en la sociedad y en la vida de las personas”.

Coding Dojo es una de las principales escuelas de programación en el mundo, con más de cinco mil graduados, muchos de los cuales trabajan para empresas como Google, Amazon y Microsoft. Luego de diez años de trayectoria en Estados Unidos, la compañía aterrizó en el país, con el plan de conquistar el mercado chileno y, en paralelo, otros de la región. Quien comanda esta misión es Sebastián Espinosa, un chileno que durante varios años lideró las operaciones de la academia en California.

A Estados Unidos llegó dos veces. La primera, con una beca del programa GSP en Singularity, que, aunque fue una experiencia corta, fue la que realmente le cambió la vida porque lo dejó prendado de Silicon Valley. Tanto, que apenas regresó a Chile se propuso armar un plan para volver. Como director de emprendimiento de la U. San Sebastián, postuló a un magíster en Stanford y la primera vez no quedó, pero la segunda sí. Así volvió a California, nuevamente becado.

Entre tanta gente que conoció estaba Michael Choi, fundador de Coding Dojo. Un día lo invitó a comer. Al día siguiente ya estaban trabajando juntos y así transcurrieron los siguientes cuatro años, hasta que Espinosa prefirió no cambiarse a las oficinas de Seattle y, en su lugar, venir a Chile a emprender con la academia desde cero, convencido de que el terreno es fértil, pues en Estados Unidos hay un déficit de 600 mil programadores y en el país se buscan cinco mil profesionales en TI y programación al año.

“Esta no es la primera vez que me tiro a la piscina para emprender. Antes ya lo había hecho varias veces y no me fue tan bien. Creo que esas experiencias, a las que no me gusta tildar de fracasos, fueron muy valiosas porque aprendí mucho”.

“Con el tiempo aprendí que tienes que preocuparte desde el primer día de que tu empresa sea sostenible. Quizás te metes tanto en todo el resto de las cosas que no vas viendo los números y eso es un error”.

-¿Cómo ha sido este camino para ti?
-Muy intenso, muy de foco. Me veo como un caballo de carrera, muy convencido de que tenía que dedicarme a esto, porque era lo que me gustaba y quería lograr estar aquí, generar ese vínculo con los grandes y con eso lograr un impacto positivo en la sociedad y en la vida de las personas.

-¿Y de qué manera tu trabajo ha contribuido para impulsar la academia en Chile?
-Nos ha ido muy bien. Partimos a finales de 2020, con una alianza con el gobierno que nos permitió dar becas a los primeros alumnos. Hoy día estamos trabajando también abiertos al público, porque funcionamos como una academia donde los estudiantes postulan, pagan su matrícula e ingresan. Abrimos un curso todos los meses y, al menos desde enero hasta abril, hemos obtenido un buen número de estudiantes. También estamos trabajando con empresas como Accenture, con municipalidades, hay muchas cosas pasando y mucho interés.

-Además de esa experiencia en Estados Unidos, que fue muy marcadora en tu vida, ¿qué otras etapas han sido clave?
-Esta no es la primera vez que me tiro a la piscina para emprender. Antes ya lo había hecho varias veces y no me fue tan bien. Creo que esas experiencias, a las que no me gusta tildar de fracasos, fueron muy valiosas porque aprendí mucho. Ver la dificultad que esto tenía y la intensidad que requería me sirvió y me marcó mucho para lo que estoy haciendo ahora.

“Conocí a mucha gente que estaba haciendo cosas increíbles y que con su inteligencia se atrevieron a romper esquemas”.

-¿Qué lecciones sacaste de ahí?
-Primero, que necesitas un equipo de confianza, saber delegar en gente de confianza. Quizás suena obvio, pero uno no lo tiene tan claro en ese minuto: con el tiempo aprendí que tienes que preocuparte desde el primer día de que tu empresa sea sostenible. Quizás te metes tanto en todo el resto de las cosas que no vas viendo los números y eso es un error. También aprendí que nunca hay que perder de vista la calidad de las cosas que vas haciendo mientras vas creciendo.

-¿Cuál es la decisión más riesgosa que tomaste hasta ahora?
-Definitivamente haber vuelto a Chile. Mi otra opción era seguir con la empresa en Estados Unidos, porque estábamos cambiando los headquarters de Silicon Valley a Seattle. Fácilmente yo me podría haber ido para allá, pero como siempre tuve la intención de partir a la región, porque desde el primer día vi que aquí había potencial, decidí hacer este camino. Para eso, básicamente vine solo con un machete, como quitando ramas del camino, porque acá no había nada. Fue una decisión muy loca y extrema en su minuto.

-¿Quiénes fueron tus mentores en tu paso por Silicon Valley?
-Silicon Valley es fascinante. Levantas una piedra y puedes encontrar a alguien genial. Me sorprendió que hay demasiada gente con doctorados en cosas muy específicas, por ejemplo, expertos en Bitcoin, expertos en biotecnología, cosas que acá parecen muy lejanas o quizás no cotidianas. Ahí conocí a mucha gente que estaba haciendo cosas increíbles y que con su inteligencia se atrevieron a romper esquemas. Tengo mentores que hoy podría decir que son mis pares, pero que igual los veo como mentores, porque están avanzando muchísimo en lo que están haciendo y cada día aprendo de ellos. Por ejemplo, un israelita que está dirigiendo Wix, que es la plataforma líder de desarrollo de páginas web en la nube en todo el mundo, o el mismo creador de Coding Dojo, que recientemente dejó la empresa porque está fundando una nueva. Es gente que tiene mucha ansiedad, en el buen sentido del término, de crear cosas nuevas y no solo quedarse en la idea, y me inspiran todos los días.